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Un vasco en la Casa Blanca. El profesor de Historia en la Universidad del País Vasco David Río reflexiona sobre la que en un momento histórico fue posibilidad real (en El Correo, de Bilbao)

05/07/2004
Por David Río, profesor de Historia y Vultura de Estados Unidos en la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV-EHU)

Al hilo de la noticia del fallecimiento de Ronald Reagan, han proliferado en los medios de comunicación las reseñas biográficas sobre este ex presidente norteamericano, destacándose aspectos tales como su mediocre carrera cinematográfica, su conservadurismo ideológico, sus habilidades comunicadoras o su popularidad en EE UU. Sin embargo, apenas se ha prestado atención a 'los hombres del presidente', a aquellos colaboradores de Reagan que desempeñaron un papel clave en sus éxitos electorales y en sus dos mandatos en la Casa Blanca (1981-1989). En particular, merece la pena subrayar la destacada influencia de Paul Laxalt, nacido en 1922 en Carson City (Nevada) e hijo de emigrantes vascos, en la carrera política de Ronald Reagan. De hecho, en los círculos políticos de Washington no era extraño que durante la presidencia de Reagan a Paul Laxalt se le conociese como 'the First Friend' ('el primer amigo'), en una extensión del clásico 'the First Lady' referido a la primera dama.

La amistad y estrecha colaboración entre Reagan y Laxalt se remonta a 1966, año en el que ambos fueron elegidos gobernadores de dos Estados del Oeste, California y Nevada, respectivamente. Las semejanzas entre Reagan y Laxalt no sólo se limitaban al terreno ideológico o a su militancia en un mismo partido, el republicano, sino que se extendían a aspectos tales como sus orígenes, puesto que ambos pertenecían a dos familias de emigrantes católicos procedentes de Europa y su historia personal representaba de algún modo el clásico y a menudo utópico sueño americano hecho realidad. En efecto, mientras que Reagan había crecido en el seno de una familia de emigrantes irlandeses, Paul Laxalt era el primer hijo de Dominique Laxalt y Therese Alpetche, cuya historia de emigración desde Zuberoa y Benafarroa hasta Nevada a principios del siglo XX aparece recogida brillantemente por Robert Laxalt, hermano de Paul, en la obra Dulce tierra prometida (1957). Reagan y Paul Laxalt también compartían su predilección por el modo de vida tradicional del Oeste y por los espacios naturales. Después de todo, Reagan se identificaba con el prototipo del cowboy clásico, que con frecuencia había encarnado en las pantallas, y Laxalt había conocido de primera mano, a través de su padre, el oficio de pastor.

Durante su mandato como gobernador de Nevada (1967-1971), Paul Laxalt colaboró estrechamente con Reagan en diferentes cuestiones que afectaban a ambos Estados, por ejemplo, la preservación del Lago Tahoe, en peligro por la expansión de los intereses turísticos en la zona, así como en el afianzamiento del Partido Republicano en el Oeste, particularmente precario en Nevada. Como el propio Reagan bromeó en cierta ocasión, «había un pequeño pueblo minero llamado Virginia City que se jactaba de tener 6 iglesias y 110 bares. Pues bien, Paul lo cambió por completo. En efecto, cuando concluyó su mandato de gobernador, Virginia City tenía 6 iglesias, 110 bares y... un club republicano». En este sentido, también cabe resaltar la importante expansión desde mediados de los sesenta del Partido Republicano entre los vascos residentes en Nevada, tradicionales votantes del Partido Demócrata, que apoyarían mayoritariamente al Partido Republicano al asumir Paul Laxalt el liderazgo del mismo en el Estado. En décadas posteriores, y coincidiendo con las campañas presidenciales de Reagan y la presencia destacada de Laxalt en las mismas, este mayor apoyo al Partido Republicano se haría extensivo a buena parte de la diáspora vasca en el Oeste americano.

Tras un breve alejamiento de la política por parte de Laxalt, se produjo su regreso en 1974, siendo elegido senador por Nevada en dicho año. Reagan, por su parte, abandonó el puesto de gobernador de California en 1975 para tomar parte en la carrera presidencial, enfrentándose un año más tarde en las elecciones primarias del Partido Republicano al entonces presidente Gerald Ford. Este episodio supuso el afianzamiento de la colaboración entre Reagan y Laxalt, puesto que este último se encargó de dirigir la campaña electoral de su amigo y de introducirle en los círculos políticos de Washington. Aunque la presión del aparato del Partido Republicano decantó la balanza final hacia Ford, la derrota de este último en las presidenciales frente al demócrata Carter dio nuevas alas a los partidarios de Reagan en el seno del partido republicano. Así, en 1980, Ronald Reagan volvió a postularse como candidato a la Casa Blanca, contando nuevamente como director de su campaña electoral con Paul Laxalt. Incluso durante algún tiempo se especuló con la posibilidad de que, dada la cercanía entre Laxalt y Reagan, éste eligiese al hijo del pastor vasco como su candidato a vicepresidente. Sin embargo, el hecho de que Laxalt procediese de un Estado con escaso peso demográfico y la necesidad de captar votos fuera de California y sus Estados limítrofes hizo que, al final, el elegido como candidato a vicepresidente fuese George Bush padre. De todos modos, la eficaz dirección de la campaña electoral realizada por Laxalt contribuyó en buena medida a que Reagan se convirtiese en el 40º presidente de EE UU, así como a su reelección posterior en 1984.

Durante la presidencia de Reagan, la colaboración entre ambos amigos siguió siendo estrecha. En cierto modo, puede decirse que Laxalt, desde su condición de senador influyente (fue reelegido en 1980) y hombre de confianza de Reagan, actuó como enlace entre su partido y el presidente. Reagan también recurrió con frecuencia a sus servicios para determinadas misiones internacionales. Así, por ejemplo, en 1986 la mediación de Laxalt como enviado de Reagan consiguió que el presidente Marcos abandonase la presidencia de Filipinas, tras 20 años de dictadura. Laxalt, por su parte, se valió de su posición en Washington para conseguir fondos federales para diversos proyectos de desarrollo en Nevada y para frenar la expansión del programa nuclear en dicho Estado. Desde Washington, Laxalt también prestó su apoyo a diversas iniciativas destinadas a impulsar un mayor reconocimiento social de los vascos residentes en Norteamérica y a dar a conocer las instituciones vascas en el ámbito internacional. De hecho, la intervención de Paul Laxalt resultó decisiva para que en 1988 Ronald Reagan recibiese en la Casa Blanca al lehendakari Ardanza, en su primera visita oficial a EE UU.

En abril de 1987, durante el último mandato de Reagan, Laxalt, que había concluido su periplo en el Senado unos meses antes, anunció su candidatura a la presidencia de EE UU. Sin embargo, tras comprobar sus escasas posibilidades de éxito ante candidatos con mayores apoyos económicos y políticos como el vicepresidente George Bush, renunció poco después a tomar parte en la carrera presidencial para suceder a Ronald Reagan. De haber tenido éxito, como solía recordar su hermano Robert, Paul Laxalt se habría convertido en el primer presidente norteamericano con el euskera como lengua materna. Desde entonces, Laxalt ha permanecido alejado de la política activa, aunque ha colaborado puntualmente en las campañas electorales de George Bush en 1988 y de Robert Dole en 1996.

La muerte de Ronald Reagan le ha traído seguramente el recuerdo de los éxitos políticos vividos junto al ex presidente. De todos modos, posiblemente también le habrá servido para corroborar una de las principales ideas en las que hace hincapié su hermano Robert Laxalt en su novela The Governor's Mansion (La mansión del gobernador, 1994), una obra inspirada en buena medida en la carrera política de Paul Laxalt: «La fama y la gloria derivadas de la política son, por su propia naturaleza, bienes efímeros».

(publicado el 05-07-2004 en el diario El Correo, de Bilbao)
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