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Las palabras que preparé para los premios Sabino Arana en el Arriaga

2015/02/08

Cuando supe que tenía que elaborar un discurso en el Teatro Arriaga y que disponía de tan solo cinco minutos el día de la entrega de los premios 2014 de la Fundación Sabino Arana al haber sido distinguida por mi labor como bibliotecaria y escritora, sentí pánico. Recibía la distinción en compañía del meritorio músico y pianista Joaquín Achúcarro, que va proyectando Euskadi con el melódico sonido de su piano; del grupo Federación Vasca de Herri Kirolak. que lleva la Ikurriña en sus competiciones, entonando el himno de Euskadi en Wisconsin; de la empresa Lince, líder en cerrajería que exporta a todo el mundo productos vascos; del Banco de Donantes de Sangre de Euskadi, con su impecable buen hacer en salvar vidas… No supe por dónde empezar, entre otras cosas, porque no me creía ni de lejos, y no es falsa modestia, ser merecedora de semejante honor. Menos estar a la altura de semejantes compañeros.

Lo primero que escribí fueron estas líneas, que sirvieron de base de un discurso más concreto, que no desbordó el tiempo previsto, sin papel en la mano. Quería abrir mi corazón a la gente congregada en el Teatro Arriaga. Algunas cosas que están escritas no fueron dichas, pero estaban en la médula de mis palabras.

La gran sorpresa del acto que dirigieron en el Teatro Arriaga Juan María Atutxa y la directora Irune Zuluoaga fue para mí la intervención de la Kantata de Leioa, músicos jóvenes qe nos deleitaron y dieron altura a un acto que en sí fue precioso. Dije:

Lehendakari jauna. Jaun andreok. Egunon. Aquí estoy porque he venido… según el decir ribero de Nafarroa . Pero es más bien porque me habéis traído, al otorgarme este premio Sabino Arana, para mí tan especial.

Eskerrik asko denoi, bihotz bihotzez.

Soy hija de la Diáspora vasca de 1937. Desciendo de cuatro generaciones de deportados debido a los conflictos bélicos que hemos padecido. Me tocó nacer en Buenos Aires, donde recalaron mis aitas, tras un largo viaje de quince meses y mil vicisitudes en aquel mundo en guerra. Aita fue Vicente/Bingen Amezaga, abogado, escritor, traductor al euskara... por cierto se acaba de reeditar, al cumplirse los cien años de la publicación de Platero y yo, esa maravillosa creación literaria de Juan Ramón Jiménez, en su traducción al euskara Platero ta Biok, Nº 2 de la Colección Euskal Herria de la Sociedad de Confraternidad Vasca Euskal Erria, de Montevideo y ama, la animosa Mercedes Iribarren Gorostegi. La primera visita que recibí el día de mi nacimiento, en enero de 1943, según me contaron luego, fue la de las diligentes y valiosas Emakumes del Laurak Bat de Buenos. Aires, que tanto bien procuraron a los expatriados.

Viví mi infancia en Montevideo, donde se trasladó la familia a raíz de la Gran Semana Vasca de Montevideo, y allí correteé en el trinquete del Euskal Erria, hasta que hicimos la valijas de nuevo, y marchamos a Venezuela, donde transcurrió mi juventud. Conocí en su Eusko Etxea, Centro Vasco de Caracas, a mi marido, Pello Irujo, quien llevaba sobre sus hombros la misma carga de expatriación. Pello formaba parte del núcleo vital de EGI Caracas que, a ocho mil kilómetros de la patria, publicaba libros, revistas y folletos, editaba películas, Los Hijos de Gernika, preparaba Aberri Egunas, y levantó, en medio de la selva venezolana, en la hacienda La Virginia, las torres de Radio Euskadi, La voz de la Resistencia Vasca. Querían aquellos jóvenes idealistas reconstruir una Euskadi en paz y libertad. El grupo nuclear estaba compuesto por Jokin Intza, J. J. Azurza, Xabier Leizaola, Joseba Elosegi, Pello Irujo, Iñaki Anasagasti... Ellos me enseñaron que Euskadi, además de un ideal, es un duro trabajo.

Trajinando exilio, que es tortuoso y áspero camino, llegamos a Euskadi. El reencuentro con un país que es el propio y no se ha conocido, también es un arduo trabajo aunque ha dado resultados excelentes. Aquí hemos criado a nuestros hijos, se crían nuestros nietos… todos ellos euskaldunes.

Las bibliotecas de mis generaciones antecedentes sufrieron expoliación –aita clamaba por su difunta Biblioteca de Algorta, ese lugar de la tierra que debió ser el mío y me arrebataron los hombres de la guerra y me tocó construir de la nada, pues llegué antes que los libros, una Biblioteca que queríamos, en los sueños que manteníamos entonces, muerto el odioso dictador y germinando tiempos de libertad, convertir en la madre de todas las Bibliotecas, la de nuestro primer Eusko Legebiltzarra. Juan José Pujana, su entonces presidente, apoyó calurosamente semejante proyecto. Yo venía de levantar en Venezuela la Biblioteca piloto de La Alianza para el Progreso, el programa del presidente John Fitzgerald Kennedy para la regeneración cultural de la América Latina, enfrentada al quebranto que procura en toda sociedad la revolución guerrillera. El trabajo de la paz y progreso que compete a la cultura. Libros, no armas. Kennedy nos dijo entonces que si hubiese políticos que entendieran de poesía, y poetas que entendiesen de política, el mundo sería un lugar mejor para vivir.

He escrito novela histórica y biografía. Mi primer libro en Euskadi fue La Mujer vasca, editado por Txomin Saratxaga, nuestro librero de Bilbao, en homenaje a la fuerza y el coraje de la mujer vasca. He tratado de hurgar en el alma de la gente de mi país. En los hechos claves de su historia, con mi visión de América como vasca, o de Euskadi como americana.

Me han ayudado en ese trajinar gentes que he tenido la fortuna de conocer: Jorge Oteiza en su casa de Altzuza, nire munduan tokia , donde le vi fraguar en barro el busto de Sabino Arana que preside esta Fundación; de Manuel Irujo, cuya biografía escribí y publicó esta Fundación, quien me internó en el alma vasca de Nafarroa, en su implicación en nuestro nacionalismo… de su padre Daniel Irujo Urra, amigo y abogado defensor de nuestro dirigente Sabino Arana, del euskalerriako Estanislao Aranzadi. Ellos tres, en la vieja Iruña, en su plaza del Castillo, hace más de cien años, elaboraron el boceto de la primera Ikurriña, la que ondeó en la alborada del día de gracia de Castejón en la Gamazada. Manuel Irujo deambuló por el prado de la casa de Abando de Arana y en 1978, aquí en Bilbao al regreso de sus cuarenta años de exilio en el que trabajó todos los días con sus horas y minutos y segundos por la causa de Euskadi nos devolvió el último abrazo que Sabino Arana le dio cuando era un niño.

Permitidme que hoy, en este momento para mi tan importante, os devuelva la parte familiar de ese abrazo de Sabino Arana en este teatro Arriaga.

Jaun andreok, gaur, ni pozik nago, oso pozik, baño bihar… bihar lan eta lan egingo dut. Eskerrik asko berriz ere, bihotz bihotzez.



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Arantzazu Ametzaga

Arantzazu Ametzaga

Arantzazu Ametzaga Iribarren liburuzaina eta idazlea da. Errikotxiki-tik idazten du, Eguesibarrean, Nafarroan

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