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Eusko Etxea de Caracas 1950, hito del Exilio Vasco

2015/05/08

Observo la foto de inauguración del Centro Vasco de Caracas, 5 de marzo de 1950, coincidiendo con el Aberri Eguna. Sobre 10.000 metros cuadrados de terreno ubicado en el sector más selecto entonces de la ciudad, El Paraíso, se alza la estructura en forma de baserri, construida por Miguel Salvador. De la flamante Eusko Etxea, en lo alto del cerro, desciende una escalinata de tres largos tramos, hasta el llano donde se ofició la misa de inauguración, colmada con unos tres mil asistentes, con los sacerdotes vueltos de espaldas, según el viejo ritual, y las figuras centrales del Lehendakari José Antonio Agirre llegado de París, Jesús de Galíndez de New York, el gudari Joseba Rezola de Donibane, el presidente del Centro, José de Elguezabal, el delegado del Gobierno Vasco en Venezuela Luis Bilbao, el arpista Nicanor Zabaleta... en manos de una rubia poxpolin, la Ikurriña, izada por primera vez, junto a la bandera de Venezuela, en los mástiles del frente del edificio, entonándose los dos himnos nacionales.

Tengo ampliada esta foto en mi rincón de recuerdos, pero por primera vez, la contemplo con admiración, dejando de lado emociones como la simpatía y el recuerdo de una gente que traté y quise, y de un edificio en el que transcurrió mi juventud. Estoy viendo a personas arribadas en los tres barcos de 1940, sucesores de los dos barcos de pesqueros del 39 capitaneados por el capitán José Mª Burgaña. Derrotados de su guerra de Euskadi no por Franco, el militar rebelde, sino por los nuevos tiranos de Europa, Mussolini y Hitler, tal como declaró George Steer el cronista británico de nuestra guerra, recogieron los bártulos de su exilio, perseguidos por los mismos criminales, y abandonaron Europa, jaula de locos y desesperados, al decir del escritor Tellagorri, para cambiar de continente.

Para que descendieran con brío por la pasarela de los barcos anclados en el puerto de La Guaira e iniciaran el ascenso a Caracas, fue necesario el sonido del txistu del inolvidable Atxurra. El suletino Pierre Lhande afirmó: “Los pueblos que como el vasco, al día siguiente de una hecatombe, vuelven con toda sencillez al ejercicio de su vida anterior, son los pueblos fuertes". Eso demostraron los vascos que desde 1942 fueron engrosando comunidades ya existentes en América o en el caso de Venezuela, inaugurándolas, formando comisiones vitales como la de Socorros Mutuos, creando el coro Pizkunde. La iniciativa de comprar el terreno y edificar una Eusko Etxea tuvo curso rápido, formándose la Compañía Inmobiliaria Euskalduna con un capital de 1.150.000 bolívares (equivalente en dólares de su tiempo), divididos en acciones nominales de 500 y a fondo perdido.

Rechazaron la oferta de la activa, para esas cosas, Embajada de España, de estar presente en la inauguración si no se invitaba al Lehendakari. Además, en represalia si tal cosa ocurría, amenazaron con no conceder los visados para cualquier visita al país natal. Los vascos no dudaron: invitaron a su Lehendakari y arriesgaron muchos, el dar un último beso a sus familiares en Euskadi. La multitud que aprecio en la foto no había dado el salto de la pobreza a la riqueza y, muchos de ellos, nunca lo dieron. La construcción de urbanizaciones al este de la ciudad para el tiempo de la opulencia petrolera, dio oportunidades económicas, pero no todos los vascos estaban en la construcción, ni todos superaron las asperezas del trasplante, pero ninguno retrocedió ante la demanda colectiva de una etxea donde poder reunirse y aglutinar sus recuerdos. Una de las primeras cosas que se colocó en la pradera de la nueva instalación fue la estela que recordaba los 49 kilómetros que el insurgente Mola tardó nueve meses en recorrer antes de tomar sus tropas Bilbao.

Maduramos junto a esa lápida de resistencia, testimonio de la lucha libertaria de nuestros mayores, acudíamos a las conferencias, Vicente Amezaga se encargó de otorgarnos conocimiento de la historia del Pueblo Vasco, publicamos revistas y boletines, asistíamos a los partidos de pelota, recibíamos a las autoridades venezolanas y a nuestros dirigentes, fijamos grupos activos en política activa y pacífica como EGI Caracas y su famosa Radio Euzkadi, irrintzi de libertad. Ese 1950, el Lehendakari a más de presidir los actos de inauguración solicitó ayuda económica para el sostenimiento del Gobierno Vasco en Exilio, en Paris. Nadie dijo que no y cada quien tributó durante los años que siguieron, aunque algunos restaran la compra de zapatos para los pies de sus hijos que crecían en el exilio.

No nos cupo duda de la honorabilidad de nuestros mayores respecto a la causa de Euskadi. No fueron santos, ni tan siquiera héroes, sino que trabajaron como hombres y mujeres responsables, ajustados a sus compromisos, saliendo invictos en la tremenda demanda que les exigió la derrota de sus vidas. Cuando un proyecto político está basado en semejante pilar, la responsabilidad de llevarlo a cabo compromete a las generaciones siguientes.

Repito una frase de de Frankl en su El hombre en busca de sentido: “Haber sido es la forma más segura de ser”.



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Arantzazu Ametzaga

Arantzazu Ametzaga

Arantzazu Ametzaga Iribarren liburuzaina eta idazlea da. Errikotxiki-tik idazten du, Eguesibarrean, Nafarroan

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