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Se rompe la negociación para llevar a Bizkaia el legado del poeta Juan Larrea, exilado en Argentina y México

30/06/2005

El poeta bilbaíno Juan Larrea (1895-1980) (foto El Correo)
El poeta bilbaíno Juan Larrea (1895-1980) (foto El Correo)

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Juan Larrea es, a pesar de su intensa obra poética y vida apasionante, uno de los poetas vascos menos conocidos. Nacido en Bilbao en 1895, se codeó durante su juventud con las figuras más importantes de las vanguardias europeas y los artistas españoles de la Generación del 27. Exilado en México y Argentina tras la Guerra Civil, y fallecido en 1980, su legado guarda tesoros como cartas de Jorge Guillén y Federico García Lorca, o grabados de sus amigos Pablo Picasso y Joan Miró. El periodista Iñaki Esteban recoge las desavencias entre la Diputación Foral de Bizkaia y los herederos del autor, en el siguiente artículo del diario El Correo.
Después de dos años de silencio, la Diputación de Vizcaya reemprendió el pasado marzo las negociaciones para que el legado del poeta bilbaíno Juan Larrea (1895-1980) reposara en la biblioteca foral. Pero la situación vuelve a encallarse. Los responsables del departamento de Cultura se pusieron en contacto con Vicente Luy Larrea, nieto del escritor, y reactivaron las conversaciones, hasta el punto de que llegaron a elaborar un contrato de compraventa.

Vicente Luy ordenó que se introdujeran unos cambios para garantizar que la gestión de los derechos de autor quedaran en manos de Juan Manuel Díaz de Guereñu, profesor de Literatura de la Universidad de Deusto en San Sebastián y experto en la obra de Larrea, aunque la propiedad estuviera en manos de la Diputación.

El nieto, residente en Córdoba (Argentina), quiere que la obra de su abuelo se edite en condiciones e insiste en que esta cláusula sólo debe ser refrendada por el resto de los herederos para incluirse en el documento final. Pero en la entidad foral, según su versión, 'nadie responde'. Y así, 'harto de dilaciones y esperas', ha dado por 'fracasada la negociación'.

Otros dos herederos

Pero detrás del legado figuran otros dos herederos. Jean-Jacques Larrea, también nieto del autor vasco, se queja desde Nueva York, donde vive, de que nadie se ha puesto en contacto con él. Su representante, Alejandro Finisterre, de 86 años, tiene guardados los fondos del escritor en su casa de Aranda de Duero y en el depósito de un banco en Madrid. Él, asegura, sólo pide que 'alguna institución responsable se haga cargo' de su contenido y 'lo ponga a disposición de los investigadores e interesados'. La tercera protagonista es una hija que el escritor reconoció al final de su vida, Mari Cruz Gimeno Rodríguez, que de momento permanece en la sombra.

La Diputación ha confiado el proceso al director de Cultura, Ricardo Bilbao, que paradójicamente se muestra optimista. 'La adquisición del legado de Larrea interesa y va por buen camino. Nuestra misión es utilizar bien el dinero público, así que tenemos que verificar qué es lo que vamos a adquirir, en qué condiciones está y cómo lo vamos a hacer. Quizá haya personas interesadas en acelerar la negociación, pero nosotros no nos vamos a dejar presionar', explica el director foral.

Ricardo Bilbao se comunica con los herederos a través de la abogada madrileña Carmen Suárez Pérez-Orilla, nombrada por Vicente Luy Larrea. Pero -y aquí la historia se complica aún más-, el propio nieto argentino la desautorizó hace dos semanas por desavenencias sobre cómo estaba llevando la negociación e informó de ello a la Diputación.

Una carta de Albert Einstein

Mientras tanto, cada vez parece más difícil que los fondos de Juan Larrea terminan por asentarse en Vizcaya. En ellos se encuentran miles de páginas manuscritas por el autor, cientos de cartas de representantes de la vanguardia literaria como César Vallejo, Vicente Huidobro, Gerardo Diego y el bilbaíno Ramón de Basterra, fundador de la revista 'Hermes'. Incluso hay una misiva de Albert Einstein.

En cuanto a las obras de arte, Larrea atesoró 54 aguafuertes de Pablo Picasso, de la serie 'Sueño y mentira de Franco', cinco bronces de Jacques Lipchitz y un móvil de Alexander Calder, entre otras piezas. Los tres artistas fueron buenos amigos del poeta.

Según la tasación hecha por la Diputación, y recogida en el contrato de compraventa, la parte documental está valorada en 390.000 euros, mientras que la artística asciende a 90.000. La suma da un total de 480.000 euros, algo menos de 80 millones de pesetas.

Sin plan de actuación

Al igual que el resto de los herederos, Vicente Luy Larrea mostró su conformidad con estas cifras, a pesar de que la valoración de las obras de arte le parecía demasiado baja. También transigió sobre los derechos de autor, que de haberse firmado el contrato pertenecerían a la Diputación, a pesar de que en estos casos suelen quedar como patrimonio de los herederos. 'A mi juicio, no tienen un interés real en la compra, y tampoco han tenido la gentileza de explicar lo que pretenden hacer con el legado, cuál su plan de actuación al respecto', recalca Vicente Luy.

La Diputación reabrió la negociación hace tres meses, después de que el Partido Popular requiriese la comparecencia de la diputada de Cultura, Belén Greaves, que se comprometió a reactivar el proceso.

Por su parte, Alejandro Finisterre se siente apartado a pesar de ser él quien tiene en su poder el contenido del legado. 'Sé la edad que tengo. La custodia de estos documentos durante catorce años, sin ayuda de nadie, con los costes que ha originado y que aún me origina, me causa una gran ansiedad. Temo por mi salud'.

Accidentado traslado desde Argentina a Madrid

Finisterre, al fin y al cabo, fue el artífice de que los fondos del poeta regresaran a España. A los pocos días de que Larrea muriese en Córdoba (Argentina), en julio de 1980, un fiscal de la Junta Militar del dictador Videla, Felipe Daniel Obarrio, entró a casa del poeta y se llevó gran parte del legado. Finisterre se propuso recuperarlo, lo que no pudo hacer hasta 1991.

Pero lo sacó de Argentina de modo ilegal, y hay una orden de un juzgado de Madrid que le obliga a devolverlo a este país. Esta orden no tendría que cumplirse si se llegara a un acuerdo entre las tres partes, lo cual está garantizado según Finisterre y Vicente Luy. Sólo hace falta, según éste último, que la Diputación se avenga a firmar el contrato.

El nieto argentino advierte que examinar el contenido de los fondos, como según él pretende la Diputación, 'tomaría por los menos dos años, algo que ya está fuera de cualquier plazo razonable'. Representantes de la institución foral estuvieron en 2002 en casa de Finisterre viendo los fondos de Larrea. Posteriormente se emitió un informe técnico favorable. A partir de ahí comenzó una negociación rica en silencios y malentendidos. ¿Y ahora qué puede pasar? Los herederos ya han dejado entrever la posibilidad de venderlo en una subasta o por partes a universidades americanas.


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