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En el recuerdo

Maite Leizaola Azpiazu

Maite Leizaola Azpiazu

16/11/2017 - Donostia-San Sebastián

Maite Leizaola Azpiazu ha fallecido el 16 de noviembre de 2017 en Donostia-San Sebastián. Era viuda de Iñaki Zubizarreta Gerediaga y madre de Terese, Iñaki, Karoliñe y Jone.

El funeral en su recuerdo se oficiará este sábado 18 de noviembre a las 19:30 horas en la iglesia de Benta Berri en Donostia, Parroquia de Dios Nuestro Padre.

La familia vasco-venezola de Venezuela y Euskal Herria comparte con su familia y amigos la tristeza que le embarga por su fallecimiento.

GB
 

(A continuación, artículo publicado el 18-11-2017 en Deia)

MAITE LEIZAOLA, EL ANCLA DONOSTIARRA EXILIADA EN VENEZUELA
Fue fundadora de la Ikastola del Centro Vasco de Caracas

Iban Gorriti / Bilbao, Bizkaia. “Agarrando aunque sea fallo”, que dirían en Venezuela. Este refrán hace referencia a la tristeza y pena por el fallecimiento ayer de Maite Leizaola Azpiazu, tener que asimilar su pérdida humana. La viuda de Iñaki Zubizarreta Gerediaga fue cofundadora de la ikastola del Centro Vasco de Caracas, tertuliana de la clandestina Radio Euskadi que emitía desde Venezuela en onda corta y presidió la agrupación Emakume Abertzale Batza en la capital de la república de América del Sur. Los funerales por su persona se oficiarán esta tarde a las 19.30 horas en la parroquia donostiarra Dios Nuestro Padre, de Bentaberri.

Maite nació el 29 de octubre de 1927 en una vivienda del puerto de Donostia. Escasos días atrás cumplió 90 años en el hospital que estaba ingresada. Fue bautizada en euskara. Era hija de Ricardo Leizaola y Josu Miren Terese Azpiazu - Maritxu- matrimonio que dio a Euskadi y Venezuela nueve hijos. Al estallar la guerra del 36 tras el golpe de Estado militar español, la familia se refugió en Lekeitio. De allí, en barco, se evacuaron a Jatsu, primero, y a Uztaritze después. En esta localidad habitaron una casa de Don Manuel de Intxausti, entonces en Nueva York. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Cruz Roja alemana ocupó medio solar. En el otro vivía la madre, Maritxu, con sus ocho hijos, aunque uno había fallecido para entonces.

El padre, quien había tomado parte en las negociaciones de Santoña, buscó el exilio por Marsella. Vivió un año en Nueva York y partió a Venezuela. Allí, en una casona colonial, abrió una pensión llamada Bidasoa que servía para complementar sueldos a los vascos que se afincaban al otro lado del Atlántico. En aquellos lares se daban cita los Irujo, los Etcheverry...

Con la liberación de Francia, Maritxu puso rumbo a Lekeitio y allí tuvo que reinscribir su nombre y el de sus hijos en castellano. El franquismo le obligó a dejar de ser oficialmente Josu Miren Terese y pasar a ser María Teresa. Con el dinero obtenido mientras tanto por el padre se pagó el viaje de la madre e hijos a Venezuela. En 1977, la familia retornarían a la capital guipuzcoana y su hija Maite, ayer fallecida, acabaría siendo conocida como el ancla donostiarra.

Algunas de las persona que mejor conocieron a Maite, es decir, a la madre de Miren Terese, Iñaki, Karoliñe y Jon han reaccionado con desconsuelo y cariño al conocer la noticia. Así, Amaya Zenaruzabeitia, de la asociación venezolana de Euskadi, ha difundido su pérdida a la comunidad y evoca a este diario el tiempo que vivió a su lado. “De Maite recuerdo su cara siempre sonriente. Con unos enormes ojos azules también siempre sonrientes en una piel muy blanca y sonrosada. Era, junto con su esposo Iñaki, muy amigos de aita y ama”, valora y va más allá en su vista atrás. “Ayer recordábamos su hija Terese y yo que Maite siempre iba al volante... siempre al volante incluso cuando repartía la chavalería que ella, desde la Euskal Etxea de Caracas, llevaba a sus respectivas casas. Nosotros, por ejemplo, solos ya éramos siete contando a ama y a mi prima, y ellos cinco con Maite. No sé cuántas personas podíamos entrar en aquella ranchera, más de 15 personas o 17 contamos alguna vez. Ya decían Maite y ama: ¡Cómo un día nos pare la policía...! Nunca ocurrió, gracias a Dios”.

El exsenador jeltzale Iñaki Anasagasti también mira por el retrovisor. Él prefiere no solo fijar la vista en Maite, sino en toda su familia, a la que reconoce su entrega a la causa vasca y de una forma “tan comprometida que sufrieron por ello”.

Anasagasti rememora que el padre de Maite, Don Ricardo, fue un gran editor y hace ochenta años “salvó la vida a infinidad de presos”. Era cineasta y con su esposa Doña María, al llegar a Venezuela tuvieron un pequeño hotel que recibió con los brazos abiertos a cientos de originarios de Euskadi.

El esposo de la finada, Iñaki Zubizarreta -el enlace nupcial se celebró en 1956- fue decano del Colegio de Arquitectos de la Universidad Central de Venezuela y presidente del Centro Vasco. Por otro lado, su hermano Xabier fue presidente del Consejo de Administración del periódico DEIA. Anasagasti pasa a hablar sobre ella y, para ello, se enciende el piloto rojo de estar en el aire de aquella estación de radio primigenia Radio Euskadi en Caracas. “Maite fue una de las almas que puso en marcha nada menos que la ikastola que funcionó durante años en el Centro Vasco de Caracas. Yo tuve mucha relación con ella pues los martes solía venir al estudio donde grabábamos charlas en euskera y castellano para aquella emisora clandestina, Radio Euskadi, que funcionaba en Venezuela y emitía en onda corta. Tenía muy buena voz y era mujer de carácter y organización y era una mujer referencia. Presidió asimismo Emakume Abertzale Batza del Centro Vasco”, enfatiza el escritor.

La familia también ha tenido la amabilidad de atender a este periódico. Así, su hija Terese se emociona al hablar sobre su madre. “Ama era una soñadora de su Euskadi, aquel que nos inculcó y que vivió con muchísima intensidad. De hecho, nos enseñó a hablar a todos euskera allí. Era fuente de guardar recuerdos, vivencias y valorar lo que las personas hacen. Era muy de las personas, así como cariñosa y generosa, sobre todo, generosa”, describe.

Hermano de Terese, Jon, también viste de adjetivos a su amatxu. “Ama era una persona abierta, viajada, que vivió en Estados Unidos, Venezuela... y aprendió los idiomas de allí donde estuvo integrándose en su sociedad. Era amable, generosa, muy comprometida con todo lo que suponga la identidad y cultura vasca. Su casa siempre estuvo abierta a quien les visitaba”.

La esquela de la querida donostiarra concluye en euskara: "Zure oroimenak indartzen gaitu, ez agurrik, ez adiorik, gero arte bakarrik".



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