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Miguel Sánchez-Ostiz: "Aquí nos gusta el multiculturalismo, pero siempre que nuestra cultura sea la que mande"

27/11/2008

Miguel Sánchez-Ostiz sin su barba característica (foto Javier Bergasa-DDN)
Miguel Sánchez-Ostiz sin su barba característica (foto Javier Bergasa-DDN)

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"Aquí nos gusta el multiculturalismo, pero siempre y cuando nuestra cultura sea la que mande", "Hoy funcionamos con certezas; de la certeza vamos a la creencia, al dogma de fe y a imponérselo al prójimo" señala entre otras consideraciones en el transcurso de esta entrevista de Paula Echeverría en 'Diario de Noticias' el escritor Miguel Sánchez-Ostiz (Pamplona, 1950), al hilo de su último trabajo, 'Cuaderno boliviano', publicado por la editorial irundarra Alberdania.

Paula Echeverría/Iruña-Pamplona. "Lo importante en este libro no soy yo, lo importante son los bolivianos", dice Sánchez-Ostiz cuando se le pregunta por su mirada en Cuaderno boliviano . Un libro que nació del diario de viaje que el escritor fue fraguando entre abril y julio pasados en Bolivia, un lugar donde ha encontrado "muchas riquezas personales".

-¿Qué le impulsó a hacer este viaje?

Estuve hace cuatro años allá, pero aquel viaje terminó muy mal. La víspera de regresar me secuestraron en el centro de La Paz. Y me jugué la vida. Pero me di cuenta de que le podía haber pasado a cualquiera, y sobre todo de que no puedes decir: joder, cómo son los bolivianos . Los bolivianos son de muchas formas, hay muchos bolivianos... igual aquellos ni siquiera eran todos bolivianos. Es decir, que a mí aquello no me quitó las ganas de viajar.

-Aquel secuestro lo recuerda ahora en 'Cuaderno boliviano'...

Sí, es que tiene que ver con algo que sale en el libro, y es que a aquella banda que me secuestró, después la detuvieron por el asesinato de dos turistas austriacos y un español, y les juzgaron estando yo en Bolivia. Al principal acusado lo condenaron a treinta años de prisión, que es lo máximo que hay allá. Esta es una historia muy novelesca, de la que en algún momento yo pensé escribir; el secuestro de los austriacos, digo, no lo mío, lo mío nada, yo en el fondo tuve mucha suerte. Pero lo de estos chicos asesinados con 27, 28 años...

-¿Qué se puede hacer ante la delincuencia en Bolivia?

En este caso, lo que hizo Evo Morales fue destituir a toda la policía, disolvió el cuerpo porque había complicidad. Es cierto que en países de enorme pobreza hay un tipo de delincuencia que no se puede erradicar, lo que se puede llamar la delincuencia de supervivencia. Pero lo que puede ser ya el banditismo, el crimen organizado al nivel que sea, eso sí se puede erradicar con una política decidida de intervención, y yo creo que Evo Morales la tiene.

-Después de aquel mal final de hace 4 años, ¿cómo ha sido el regreso?

Fantástico. Yo estoy enamorado de Bolivia, si se puede decir eso y no es una patochada. Es un país que te atrae sin remedio. Me he encontrado tanta gente tan excelente, con un sentido de la humanidad, de la fraternidad, la solidaridad, el respeto del otro... Muchas riquezas personales. Aparte de que puede resultar un destino muy atractivo, que lo es, te soprende; vayas por donde vayas te quedas sencillamente pegado. Las contradicciones son muy fuertes, y lo que ves te hace preguntarte muchas cosas, poner en tela de juicio tus prejuicios, valorar lo que tienes... aunque es difícil quitarse las gafas de europeo jacobino.

-Dice en 'Cuaderno boliviano' que al término de un viaje se queda siempre un tiempo así como "mohíno", ¿ya se le ha ido esa melancolía?

La sensación que me queda de este viaje es de no haber comprendido del todo el país, de no haberlo visto entero, no haber tratado con más gente, de haberme quedado en la superficie de las cosas. Es muy difícil comprender en tres meses la realidad de un país tan complejo. La frustración que tengo con el libro es que son unas impresiones de viaje que en el fondo temes que sean superficiales, que no sean justas, que sean a la fuerza unas visiones subjetivas, sesgadas por tu cultura, tu formación, tu edad, tu origen geográfico...

-Al final, el viajero está de paso.

Así es, estamos de paso en todos lados. Pero yo estoy muy contento; cuando pienso en Bolivia tengo un sentimiento de emoción intensa y de gratitud. Lo que me he traído de este viaje es que no hay que tirar la toalla jamás, no hay que desertar ni darse por vencido. Y sobre todo, no dejar que tu mirada melancólica te amargue el día y te coma, ¿sabes?

-¿Y qué sentimiento le causa ver por aquí, en Pamplona, a esos bolivianos que se han visto obligados a dejar su país?

Que las tienen que pasar putas... a mí no me gustaría estar en su pellejo. Sobre ellos no tenemos más que prejuicios, lugares comunes, no nos entendemos, no nos acercamos... A nosotros nos encanta eso de el indígena aquí, el blanco ahí. Pero es que son los dos en el mismo territorio. Y no, aquí se piensa: yo aquí pero en mi territorio, y tú ahí y en un territorio que también es mío . Carajo, carajo, no. Yo creo que muchas de las personas que vienen aquí como inmigrantes traen el miedo en el equipaje. El miedo a ser maltratados y humillados como lo pudieron ser ellos en su país de origen, o sus padres o sus abuelos.

-Leyendo el libro, da la impresión de que su mirada no es de quien descubre algo por primera vez, de que en cierto modo sabía lo que iba a encontrarse. ¿Iba buscando esa fraternidad que aquí tanto escasea?

No, eso me lo encontré, eso no lo iba buscando. Es un regalo que te hace la vida y que te hacen los demás. Te hace valorar que los demás te tiendan la mano. Y el tipo de abrazo que dan... el abrazo boliviano es un abrazo muy raro.

-¿Cómo es?

Mira (se levanta). No se abrazan así, como nosotros, que cuando vas a dar el abrazo a lo que tiendes es a echarte encima. Allí se cogen como a medio brazo (da un apretón fuerte), y se acabó. Entonces, yo muy malignamente digo que eso impide que seas apuñalado por la espalda... es una forma muy efusiva pero muy distinta de relacionarse con el otro. Nuestras efusiones tienden a ser muchas veces falsas...

-En el libro alude al gran desconocimiento que hay en Europa sobre Bolivia, sobre Latinoamérica en general.

Sí, y allá tienen tanto que enseñarnos... Bolivia tiene una literatura riquísima, de la que no tenemos aquí ni puñetera idea. Grandes pintores, una gastronomía maravillosa, la cultura de la coca, la medicina indígena, lo que para nosotros son brujos o meros curanderos, ¡joder, están en la seguridad social!. Tiene unos columnistas de prensa magníficos, tanto de derechas como de izquierdas, de un vigor... de lo mejor que he visto en Latinoamérica. Y la gente, la gente... cuanto más humilde mejor. Aunque a veces es difícil comunicar con ellos. Es muy difícil comunicar con la gente que está herida (se queda en silencio, reflexiona). Hay una cosa tremenda que dijo Eduardo Galeano, un escritor muy de izquierdas que no está de moda precisamente por su compromiso, pero un gran escritor, un grandísimo escritor. Dijo: España conquistó América, pero no descubrió América jamás, ni entonces ni ahora. Ese es el asunto. A mí me llama mucho la atención qué poco interés produce en escritores españoles esa Latinoamérica indígena, profunda, convulsa, en la que la multiculturalidad es algo forzoso y no es algo fácil. Eso también te hace ver que todos esos términos que nosotros utilizamos con tanta facilidad, multiculturalidad, multiétnico... ojo, cuidado. Porque eso implica que hay que verse en un plano de igualdad.

-Y estamos lejos de lograrlo...

Sí, aquí nos gusta el multiculturalismo pero siempre y cuando mi cultura sea la que mande. Y esto viene de muy atrás. Por ejemplo, al español le ha costado mucho quitarse la palabra indiada . Decía el jesuita Xabier Albó, que ha escrito mucho sobre la xenofobia, cómo el racismo parece que es un invento de 1492, cuando se funda la indiada . Es decir, cuando se le arrebata a alguien su identidad, ya no es aymara, no es quechua, sino que es indio. En conjunto, la indiada . Ya no se ve al otro más que como una masa de segunda o de tercera clase. Eso pesa en el presente. El indígena boliviano no ha olvidado. Por la parte que más he estudiado yo, que es la parte aymara, existen unos mecanismos mentales de no olvido, de agravios imperdonables. Hasta lo oí en el canto de un rapero indígena, que decía: "no sabes la rabia que trae el indio". He reflexionado en este libro sobre ello, ahora que hablamos tanto de Memoria Histórica.

-Y ahora es un indio el que gobierna Bolivia.

Es es el asunto de Bolivia hoy, que aquellos que estaban condenados por nacimiento y por etnia a ser los gobernados, son los gobernantes. Ese es el gran vuelco histórico de Bolivia. Y un vuelco durísimo.

-¿Cómo se ve allá a Evo Morales?

De muy distintas maneras según con quien hables, pero una expresión tremebunda que se oye en Bolivia es la de "indio de mierda". La primera vez que oí eso fue hace cinco años y no precisamente en Bolivia; el caso es que ahora se oye mucho. Hay una parte que le votó y que ve con cierta frustración no haber conseguido lo que dijo que podía hacer. En realidad, yo creo que este hombre hace lo que le dejan... Y claro, entre muchos indígenas el apoyo a Morales ha sido absoluto hasta hace poco, hasta que han surgido ciertos movimientos indigenistas muy radicales que se están apartando de él. Aquí lo que molestó fue que un indio llegase al poder; aquí y también allí. Es difícil ver que alguien hable de una forma objetiva de los logros de Evo Morales en el crimen, en educación, en sanidad, en infraestructuras... Es tumbar al indio. No hay más que ese propósito, tumbar al indio. Y lleva dos años en el poder, ¡carajo!

-¿Qué es lo que más preocupa en Bolivia ahora?

Hay muchos asuntos preocupantes: la pobreza, la corrupción, el narcotráfico... Y el indígena está harto de la justicia inoperante, el descrédito que hay de la justicia boliviana es inmenso. De hecho, en la subida de La Paz a El Alto, es muy común ver muñecos colgando de las farolas, muy común. Y eso es un aviso a los ladrones: quiere decir que si lo pillan lo matan. La cifra de muertes que ha habido este año tanto en Cochabamba como en La Paz como en otros lugares de muertes por linchamiento es muy preocupante.

-De todo lo que ha visto y oído, ¿qué es lo que más le ha impresionado?

Yo creo que la visita a las minas de Llallagua. Porque las minas de Potosí al final se han convertido en un circuito turístico, pero Llallagua es mina pura y dura, a cuatro mil metros de altura. El trabajo es cien por cien manual, como en el siglo XVI, como se ve en los grabados de Durero. Y claro, el discurso que tiene la gente allí es puramente ya no marxista, no, no, puramente revolucionario, de una furia que aquí ya ni se entiende. Si un sindicalista te hablase aquí hoy así, la gente se partiría el culo de la risa. Es que es como si viviéramos en dos planetas.

-Y a veces queremos huir del nuestro. El viaje siempre tiene algo de huida...

Eso siempre.

-Pero también de reencuentro con uno mismo, ¿no cree? Sobre todo si se viaja solo, como usted en este caso.

Si viajas solo te aburres como un mono. Las horas muertas...

-Pero también se le saca más partido al viaje.

Sí, hombre, de entrada tropiezas con muchas cosas, con lo que el turista no ve o no le dejan ver. Como al que va en comitiva oficial; dudo mucho que los diplomáticos españoles o los de la agencia de cooperación internacional, en Potosí oigan las brutalidades antiespañolas que oye uno cuando visita la casa de La Moneda. (Ríe). Digamos que tropiezas con esa otra parte. Y luego claro, un viajero solitario tiene que ocupar sus horas. Yo leí mucho, a muchos autores bolivianos, algunos magníficos, desde Jaime Saenz a Ramón Rocha Monroy, el mejor columnista boliviano de hoy, un hombre de una humanidad fuera de lo común, novelista y escritor de gastronomía, muy famoso allá.

-¿Reconoce el poder de la literatura, y en este caso de la literatura de viajes, como medio para abrir mentes, para combatir esa imagen sesgada que los medios de comunicación ofrecen sobre muchas realidades?

Todo esto lo explica muy bien Kapuscinski en alguno de sus libros. Con la literatura de viajes hay un gran equívoco. Un amigo me decía en Bucarest en febrero: "a mí qué me van a contar si lo tengo todo en Internet". Eso depende de la mirada del escritor. Hoy, el escritor de viajes no puede ser como aquel que transmitía a un público que no viajaba lo desconocido. Pero si hoy viaja todo cristo... lo que importa entonces es la mirada, que sea distinta a la de la agencia de viajes o a la información que puedas encontrar en Internet. Y que la mirada se pose en otros lugares que no sean las bellezas naturales. A fin de cuentas, los paisajes, si no están habitados... ¿Las ruinas? Me gusta más hablar con la gente que está alrededor de las ruinas si es que se deja, que no es fácil a veces.

-¿Hablar con la gente?

Claro, a veces no es fácil. La gente no está ahí para aplaudirte ni para hacerte caso. Igual tiene ganas de darte una patada en el culo... Y esto también tiene que aprenderlo el viajero. Que por el hecho de que pagues, la gente no tiene por qué sonreírte ni lamerte el culo. Estamos muy acostumbrados al trato que te dan en un hotel de cuatro estrellas o al viaje pagado que es como tiene que ser, porque si no protestas y te amotinas.

-Si supiese que va a hacer el útimo viaje, ¿adónde iría?

(Silencio). Qué pregunta... (Reflexiona y se toma su tiempo). A Vailimia, donde murió Stevenson.

 

'HAY QUE DARLES UN ESCARMIENTO'

Iruña-Pamplona.Cuando recibió el Premio Príncipe de Viana de la Cultura, destacó su afán por adentrarse en lo que "no es conveniente".

¿Eso dije yo, o dijeron de mí? No lo sé...

-De cualquier forma, ¿de qué considera que hoy no es conveniente hablar, pero se debe hablar?

Por ejemplo, de lo que hablo en un libro que tengo pendiente, Pícaros en Bucarest, una novela muy larga que va a salir en pocos meses, hacia febrero o marzo, sobre una sociedad muy contradictoria, que salió del totalitarismo puro y duro para caer en el ansia neoliberal. ¿De qué no se puede hablar? En Bucarest, por ejemplo, de la cuestión judía, porque en la sociedad rumana de hoy hay un evidente antisemitismo, y son incapaces de asumir lo que hicieron entre 1939 y 1941. Ellos, la Guardia de Hierro. No los alemanes. O es inconveniente hablar de que grandes escritores que todos nosotros conocemos como Cioran o Eliade eran pura y simplemente filonazis. Y antisemitas hasta las cachas. Esto son ejemplos en lugares lejanos. En lugares cercanos hay otros temas que son inconvenientes y nos tocan muy de cerca.

-¿Por ejemplo?

Siempre hay alguno, porque el tema inconveniente es lo que no es la verdad oficial. Y siempre hay una ortodoxia oficial. Aquí la hay en la izquierda abertzale y la hay en ese magma de la derecha que no sé cómo definirla, la derecha neoliberal españolista o nacionalista española, no sé cómo decirlo... Yo encuentro que hoy todos funcionamos con grandes certezas, nadie pone en tela de juicio lo que piensa, y de la certeza vamos a la creencia, de la creencia al dogma de fe, a intentar imponérselo al prójimo, y en ese terreno es donde en cuanto te apartas un poco acabas en lo inconveniente.

-¿Tiene alguna otra historia entre manos, además de 'Pícaros en Bucarest'?

Probablemente el año que viene publique también un trabajo novelado sobre el origen de la Guerra Civil en Navarra que se titula El escarmiento. Lo empecé hace dos o tres años y voy a concluirlo ahora. El escarmiento , una palabra que tenía el general Mola en la boca siempre, "hay que darles un escarmiento", decía.

-¿Y qué quiere transmitir en esta obra novelada?

Los hechos. Los hechos que se ven en los periódicos, en los documentos, en las memorias... un trabajo de hemeroteca y de biblioteca.

-Bolivia, la Guerra Civil, últimamente está más inmerso en la realidad que en la ficción. ¿Le inspira más?

Hombre, El escarmiento sí es la realidad, pero Pícaros en Bucarest es una escritura bastante gamberra, muy imaginativa, con situaciones muy despiporrantes.

SOBRE EL LIBRO

-Título. 'Cuaderno boliviano'.
-Editorial y año. Alberdania, 2008.
-Páginas. 284.
-Precio. 19,50 euros.
-Contenido. Son las impresiones originadas en un diario de viaje por una Bolivia convulsa, laberíntica, hecha avispero. Crónica y cuaderno de campo de un viaje a un país plurirracial y pluricultural a la fuerza, y de la errancia por la ciudad de La Paz.

(publicado el 23-11-2008 en Diario de Noticias de Navarra)

ENLACES RELACIONADOS

Entrevista al autor por Koldo Larrea
En el nº 156 de Euskonews & Media (2002)

La voz singular de Miguel Sánchez-Ostiz, en Pedradas
Por Alberto Barandiaran, traducido al castellano por Mikel Iturria

Para adquirir 'Cuaderno boliviano' y demás bibliografía del autor
En Megadenda.com



Comentarios

  • tolerante

    imanol, ¿Y por que los "amigos" de la izquierda abertzale disparan a la nuca de quienes no piensan como ellos?

    Aurelio, 27/01/2009 22:48

  • muxu

    no comprendo por qué esos insultos, la entrevista y el libro me han encantado

    chamepo, 29/11/2008 21:02

  • comentaario

    este seinor es un pedante, un viajero sibarita, un tolerante de pacotilla, y por que os**** se mete con la izquierda abertzale cuando no viene ni a cuento. idiota.

    imanol galfarsoro, 27/11/2008 21:59

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