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Vasquismo en Madrid - Euskal Jaia 2017

06/25/2018

Con seguridad, Madrid es la ciudad del mundo —sí, sí, del mundo— en que resulta más problemática la exhibición, en espacios públicos abiertos, de lo que podríamos denominar genéricamente «lo vasco». Esto es una obviedad para los vascos que vivimos en Madrid, pero creo que conviene explicarlo a los que viven en otros lugares.

[En un contexto político-social poco favorable, Euskal Etxea promueve en Madrid exhibiciones públicas de vasquismo]

Como la mayoría de las ciudades cosmopolitas del mundo, Madrid cuenta con un altísimo porcentaje de ciudadanos procedentes de otros lugares, y, haciendo gala de su merecida condición de «ciudad abierta», viene acogiendo, con una mezcla de indiferencia positiva y comprensión, a los que por diversas razones hemos llegado desde un sinfín de procedencias. En este contexto social, creo que no me equivoco si digo que los vascos hemos sido acogidos en Madrid, al menos en el pasado, con especial simpatía. También es verdad que en el siglo XX la llegada a Madrid de vascos ha sido muy numerosa y que la colonia actual de vascos de primera o segunda generación, aunque no existen censos fiables, podría rondar las 150.000 personas. Por tanto, hay que decir que hemos sido muchos los acogidos y que, en general, se nos ha recibido y tratado muy bien; debemos agradecerlo.

Pero no es menos cierto —y no quisiera que lo que voy a decir se entendiese como una crítica política ni nada por el estilo, sino como la constatación de una realidad social que hay que asumir— que, por un lado, algunos aspectos del discurso, a lo largo del periodo democrático, de las fuerzas políticas nacionalistas o abertzales vascas (ahora, mucho más de los independentistas catalanes), es decir, del llamado nacionalismo periférico, y, por  otro y sobre todo, las acciones terroristas llevadas a cabo por ETA en tal periodo —no hay que olvidar que algunas de las más violentas y sangrientas tuvieron como escenario las calles de Madrid— han, por decirlo de alguna forma, enturbiado el ambiente. Digamos, pues, que actualmente a los vascos —y ahora, más a los catalanes— se nos mira, dicho suavemente, con cierto recelo.

Esto, indudablemente, se evidencia en los sectores más próximos a lo que algunos denominan «nacionalismo español», si bien, mi percepción es que no deberíamos reducir tal denominación al sector social de «extrema derecha o franquista». No, yo creo que, precisamente por lo que he comentado, en los últimos tiempos el nacionalismo o patriotismo español ha ido ganando posiciones y adeptos en todos los sectores sociales madrileños, aunque se manifieste más claramente en los ciudadanos cercanos a las posiciones políticas de la derecha (Partido Popular, que en la ciudad de Madrid es la fuerza política más votada). Sin pretender profundizar en esto, sí creo oportuno decir que una de las consecuencias de este creciente patriotismo/nacionalismo español en Madrid es la antipatía o rechazo, cuando no aversión u hostilidad, que una parte importante de la ciudadanía madrileña (lógicamente, imposible de cuantificar) siente hacia «lo vasco»; no digamos nada del rechazo que, tras los recientes acontecimientos en Catalunya, produce «lo catalán».

En este contexto hay que mencionar a los medios de comunicación. Es indudable, que algunos de ellos influyen en estos sectores de ciudadanos madrileños para que tengan tal actitud, ya que, de forma más o menos directa, alientan el antinacionalismo vasco y, por extensión, consciente o inconscientemente, promueven o propician el antivasquismo.

Por tanto, hay que ser realistas; a los vascos ya no se nos mira con la simpatía de antaño por una parte importante de la ciudadanía madrileña, y, sobre todo, por los sectores ultras o más extremistas del patriotismo español. Y, hablando de estos, sabemos que en su seno hay grupos violentos muy peligrosos, sobre todo cuando actúan «en casa», es decir, en Madrid. Ya tenemos experiencia de alguna pintada ofensiva y de protestas o encaramientos por razón de nuestra naturaleza; sin ir más lejos, debo citar las agresiones del pasado 24 de mayo, cuando aparecieron pintadas en la fachada y sufrimos airadas protestas ante nuestra puerta, con motivo de celebrarse un determinado acto en el salón de actos de nuestra sede. Afortunadamente, en esta ocasión, igual que en las anteriores, el problema no pasó a mayores y todo quedó en un mal rato.

Y es obvio que esta animosidad hacia «lo vasco» no se da en ningún otro lugar del mundo: por ejemplo, ni en Buenos Aires, ni en México DF, ni en París, ni en Berlín... ni en Barcelona. De ahí mi aseveración inicial de que Madrid es la ciudad del planeta en la que resulta más problemático hacer, públicamente, ostentación de vasquismo o exhibiciones de «lo vasco». Pues en este contexto social está nuestra Euskal Etxea. Y, al hablar de esto, no es que queramos atribuirnos un plus de peligrosidad o algo así; no, simplemente creemos que conviene explicar esta realidad para que se conozca y comprenda.

Por esta realidad social comentada, desde la fundación de nuestra Euskal Etxea, hace ya casi 40 años, hemos sido bastante restrictivos, cuidadosos y prudentes en nuestras exhibiciones públicas de vasquismo. No obstante, no nos hemos escondido, ¡ni mucho menos! Desde el principio, tenemos un euskaltegi abierto al público con más de 150 alumnos (el más importante fuera de Euskal Herria) y también enseñamos euskera a una veintena de niños los sábados por la mañana; tenemos un orfeón que actúa públicamente siempre que tiene ocasión y dos veces al mes en una iglesia; un dantza taldea que muestra nuestro folclore en público siempre que hay ocasión (desde luego, todos los años en el centro neurálgico de las fiestas locales de San Isidro); un equipo de fútbol (con nuestro nombre en sus camisetas) participando en las competiciones municipales de Madrid; un grupo de montaña que pasea la ikurriña por las cumbres de la sierra madrileña; organizamos, cuando toca, la Korrika, que recorre con sus eslóganes, pancartas y carteles las principales calles del centro de Madrid; hacemos una jornada anual de «puertas abiertas» el día de Santo Tomas invitando a vino y txistorra  a cuantos acuden a nuestra sede; en la tarde-noche de cada 4 de febrero, nuestro coro canta la tradicional canción de Santa Águeda en los lugares más emblemáticos del viejo Madrid; organizamos la Tamborrada para disfrute de los donostiarras que viven en Madrid, etc. En fin, es obvio que no nos ocultamos ni nada por el estilo, y que hacemos gala de nuestra condición de vascos y de nuestro vasquismo siempre que tenemos ocasión.

Y en ese contexto, el pasado 7 de octubre de 2017 organizamos la EUSKAL JAIA-Madrid2017. Esta ha sido la cuarta vez en que hemos organizado este evento; antes fueron en 2010, 2011 y 2012. En los siguientes cuatro años nuestras escasas posibilidades económicas nos impidieron afrontar su alto coste.

Pero en el pasado octubre nos decidimos. En el emblemático Parque del Retiro (principal y magnífico espacio de esparcimiento y recreo de los madrileños, en el mero centro de la ciudad), en jornada de mañana y tarde, con acceso libre al público en general y gratuitamente, transcurrió así: comenzamos a las 10 de la mañana con varias tandas de regatas de yolas (4 remeros y el timonel) en el estanque del propio parque, en las que compitieron dos embarcaciones de Madrid y otras dos de Euskadi (Donostia y Santurtzi); pudimos disfrutar contemplando al singular grupo Kukai Dantza, con su estética fusión de street dance y lo más puro de nuestro folklore; escuchamos con placer al magnífico dúo Pauline & Juliette, de Iparralde; nuestro orfeón, el Orfeón Vasco de Madrid, ofreció un magnífico concierto; y la jornada, ya entrada la noche, se culminó con la animadísima actuación del grupo de folk vasco Briganthya, en la que participó nuestro Dantza Taldea. Y para que nada faltara en la fiesta, el público asistente tuvo la oportunidad, a lo largo de todo el día, en el servicio de bar que habilitamos al efecto, de saborear el txakoli, la sidra, los típicos pintxos, etc. Todo, sencillamente, espectacular.

Fue una gran fiesta, a lo que contribuyó el tiempo: un otoñal y soleado día con una temperatura ideal. Hubo mucho público y todo discurrió en un gran ambiente. Fue una más que aceptable muestra de nuestra cultura y costumbres; en otras palabras, una gran jornada de vasquismo, que tuvo un importante eco en los medios de comunicación de Madrid y de Euskadi. Un resumen de la jornada se puede ver aquí.

Muchos ciudadanos de Madrid, vascos y no vascos, «alucinaban», sobre todo los que no habían estado en las tres Euskal Jaiak anteriores; no daban crédito, nunca habían visto algo semejante en Madrid. Los vascos, con naturalidad, desprovistos de intencionalidad y condicionamientos políticos, en un clima festivo, mostrábamos a la ciudadanía madrileña cómo somos y lo que nos gusta. Es decir, dábamos a conocer los rasgos amables de nuestra personalidad: chuflistas, divertidos, espontáneos, respetuosos, campechanos, amantes de nuestra cultura y tradiciones, etc. Desde luego, mereció la pena, y estamos convencidos de que con esta Euskal Jaia contribuimos a recomponer en alguna medida el prestigio social de «lo vasco» en Madrid… que siempre viene bien. 

Creo que nuestra Euskal Etxea, desde su fundación y gracias a los hombres y mujeres que, antes de los que ahora estamos, han dirigido con acierto, eficacia y, sobre todo, con sabiduría nuestra asociación, ha prestado un servicio impagable a los vascos de Madrid, al haber facilitado un espacio con ambiente y actividades acordes con nuestra forma de ser; pero creo también que estas exhibiciones públicas de las que he hablado —Euskal Jaiak— han supuesto un hito en la trayectoria de esta Euskal Etxea. No solo por el efecto ante nuestros socios y ante los otros vascos de Madrid, sino, también, por el efecto ante la ciudadanía madrileña en general. Ya sé que estas cosas no se valoran mucho en nuestra tierra, —como estamos tan cerca, no se le da mucha importancia— pero creo que merecen más reconocimiento por la singularidad del contexto social en que nos desenvolvemos, al que antes me he referido.

Y, tengo que decirlo, todo gracias a la idea e iniciativa que tuvo a finales de 2009 Pablo Beltrán de Heredia (ya fallecido), uno de nuestros socios más destacados, tanto por su presencia ininterrumpida durante más de 30 años en nuestra directiva, como por su esforzada y permanente dedicación y contribución al inicio, desarrollo y mejora de nuestra Euskal Etxea. Él tuvo la idea de la primera Euskal Jaia, y otros la abrazamos con entusiasmo. Confiamos en que los que vengan detrás continúen la tarea.

Julio Elejalde Gainza



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Julio Elejalde Gainza

Julio Elejalde Gainza

Dice que solo utiliza el verbo “ser” en primera persona cuando habla de Bilbao o del Athletic (perteneció a su primer equipo juvenil). Lleva como 35 años  —media vida— viviendo en Madrid, donde disfruta, entre otras cosas, moviéndose entre el complicado tráfico con su “pepino” Honda 600, lo que, como suele decir, “le da vidilla”. Aunque se siente a gusto en Madrid, no ha perdido sus vínculos con el Botxo, al que, desde que está jubilado, visita prácticamente todos los meses —"para tomar unos potes y echar unos muses", dice— con escapaditas que compatibiliza con su actual tarea como vicepresidente y secretario de Euskal Etxea de Madrid, a cuya junta directiva pertenece desde hace más de una década, si bien desea dejar claro que firma esta columna a título personal. No le hace mucha gracia que le incluyan en el concepto «diáspora».

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